La rosa y la bestia

Querida bestia; has mantenido durante años a una flor encerrada en paredes de cristales que, aunque para tu vista sean de mucho lujo y muy elegante, para ella son algo indeseable. Que, aunque tus temores los adornes con diamantes siguen siendo reflectores para considerarte cobarde. Te has dedicado a ver sus pétalos caer, te gusta verla marchitar y con mucha ironía dices que esperas a encontrar el amor para sacarla de allí.

Si alguien te ha dicho que para encontrar a un amor solo hace falta querer, se le ha olvidado que un amor va de actos, de sonrisas y momentos, confianza… El amor es un mundo compartido, no un escondite oprimido. 

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No te ha dicho que, de las flores, las rosas son las mas extravagantes y con el pasar de los días se vuelven mas especiales. Has dañado a una rosa por tu sentimiento egoísta, por tu ceguera avanzada y tus ganas de tener algo que no sabes cuidar.

El amor se riega, las rosas florecen, no necesitan cristales, con agua se conforman, pues son su nutriente. El agua no se compra, así que no importan los quilates. 

No te dijeron que por esperar a otro amor; el verdadero se marchito con el pasar de los tiempos y su cabeza agacho, la rosa dejo de ser tuya y tu seguirás siendo una bestia. 

Pues solo una bestia pondría precio a un objeto que es de valor, solo una bestia no reconocería que a través de una rosa se encuentra la verdadera poesía. 

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